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Las primeras noticias relativas al convento de Santa Isabel (El Espinar, Segovia) se encuentran en el testamento de María de Prado, viuda de Luís Vázquez de Arce y Dávila, en 1582. En él se indica que han de darse a las beatas viandas para mejorar su alimentación y mil ochocientos maravedís para dorar el retablo. María de Prado no fue la única mujer en preocuparse por el monasterio, sino que Catalina de Laguna, viuda de Alonso Sánchez Ibáñez, también lo hizo (Sánchez Santos, 2011). El conjunto, datado en la segunda mitad del siglo XVI, constaba de distintas dependencias. A raíz de la francesada las monjas se vieron obligadas a abandonar el convento, así fue como a partir de 1808 comenzó su deterioro. Se realizó un inventario para guardar y evitar el saqueo de los bienes del mismo, sin embargo, en 1868 volvieron a ser expulsadas. Ese año el pueblo “desvalijó el convento llevándose y destruyendo todo a su paso, lo que entendieron que no tenía valor lo arrojaron al Arroyo Renales” (Sánchez Santos, 2011). Los bienes del convento fueron subastados a finales del siglo XIX, dispersándose en otras iglesias y en manos particulares.