Título
Alizar
Clasificación genérica
Arquitectura y elementos arquitectónicosObjeto
AlizarSiglo
Finales del s. XIVContexto cultural / estilo
Reino de Castilla. Baja Edad Media. MudéjarDimensiones
47.9 × 164.5 cmMateria
MaderaTécnica
TémperaIconografía / Tema
Escena galanteProcedencia
Posible procedencia del Palacio de los Zúñiga (Curiel de Duero, Valladolid, España)Emplazamiento actual
The Museum of Fine Arts, Houston (Houston, Estados Unidos)Número de inventario en colección actual
36.30Historia del objeto
Este friso de madera, fragmento de una techumbre que en su día hubo de ornar una sala palaciega, actualmente se preserva en The Museum of Fine Arts de Houston; allí aparece catalogado como obra "procedente del castillo de Peñafiel". La verdad es que nos inclinamos a pensar que esta obra seguramente proceda de la vecina localidad de Curiel de Duero (Valladolid), en concreto del antiguo palacio de los Zúñiga, que fue una de las más bellas residencias mudéjares del Reino de Castilla. Si bien, dicho palacio, propiedad en su día del que fuera nombrado Justicia Mayor de Castilla: Diego López de Stúñiga (o Zúñiga) (m. s. XIV-1417), sufrió la bancarrota de la casa de Osuna en el siglo XIX razón por la cual fue vendido. En 1860 el inmueble fue comprado por Indalecio Martínez Alcubilla, quien unos años después editó un folleto bajo el título: Memoria histórica-descriptiva del antiguo palacio-fortaleza de Curiel (Martínez Alcubilla 1866). En él daba pistas claras de su interés por vender el monumento, pues tras glosar la belleza de sus artesonados y yeserías, llamaba la atención de los responsables públicos para que adquirieran el palacio: “Fijemos nuestra vista en los países extranjeros y especialmente en Francia e Inglaterra que custodian con gran esmero y cuidado sus antiguos monumentos y procuraran enriquecer sus museos con preciosidades artísticas de todos los géneros, recogiendo y pagando con estimación antiguallas que nunca debieron salir de su patria” (Martínez Alcubilla, 1866).
Unos años después, en 1907, las ricas techumbres de la residencia eran descritas en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones: “De figuras variadísimas son las artesonadas techumbres de algunas cámaras de aquel Palacio: escudos de Castilla y de León, caprichosos pájaros, flores, triángulos cruzados, círculos, líneas, todo de delicada labor y de colorido brillante […] ¡Qué contraste entre aquella preciosidad, y las estancias convertidas en no muy pulcros palomares donde anidó o anida la dulce y amorosísima ave! ¡Qué contrate entre aquel bello y deleitable aposento, y el techo de la segunda galería todo él casi destruido por las aguas, astilladas las polícromas tablas, agrietados los muros, derruyéndose, pulverizándose! ¡Qué contraste entre la labor maravillosa del alarife musulmán y el horno de adobe hecho en lo que fue grande y valiosísimo salón! […] hoy, desdichadamente, se ha trocado en ruinoso caserón y en vulgar depósito de cereales, merced al ultraje de los hombres, más que a la falta de piedad de la Madre Naturaleza” (Hernández Alejandro, 1907).
Dos factores destacaban en tal crónica: la belleza y valía de dichos techos, y el deplorable abandono que sufría el que fue tan noble conjunto. Lo cierto es que Martínez Alcubilla no alcanzó su pretensión de que el Estado comprara el palacio y acabó vendiéndolo a Agustín Yagüe, con quien llegaría la ruina definitiva del conjunto. El nuevo propietario convirtió tan rico edificio en una cantera de materiales para la venta. Poco tardó en llegar a la prensa la oferta de venta, como material de derribo, de todo cuanto había en el edificio y podía interesar a coleccionistas y particulares. Resulta llamativo en este sentido el anuncio que publicó el diario El Norte de Castilla el 2 de noviembre de 1920 relativo a la venta de restos arquitectónicos procedentes del derribo del palacio de Curiel de Duero (Valladolid): “VENTA. Procedente del derribo del Palacio de Curiel, se venden en dicha villa maderas, puertas, ventanas, rejas y columnas de piedra. Para más detalles, dirigirse a don Agustín Yagüe. Hotel Moderno, Peñafiel” (Martínez Ruiz, 2008, pp. 319-324). Peñafiel, era la localidad vecina desde donde se gestionó, como vemos, la venta de los antiguos techos del palacio de los Zúñiga de Curiel de Duero (o Curiel de los Ajos, también conocido así).
Así refería Fernando García de Piñel el desmembramiento de las riquezas de este palacio: "Las columnas de piedra del patio las compró el conde de las Almenas; los artesonados y madera pintada en buen estado, el anticuario Lafora; las yeserías destruyéronse a golpes de pico. Hoy tan sólo quedan allí los muros exteriores y un gran montón de escombros. Durante un mes apareció en el periódico de más circulación de Valladolid un anuncio ofreciendo materiales procedentes del derribo del palacio de Curiel. Por ese tiempo la Comisión provincial de Monumentos reunióse para tratar de una cuestión de etiqueta. Tal es el relato fiel de la destrucción de uno de los monumentos más interesantes del arte español" (García de Piñel, 1920).
Efectivamente, el anticuario Juan Lafora, radicado en Madrid, se hizo con techumbres procedentes de Curiel; a decir verdad, numerosos fragmentos de sus bellos techos acabaron dispersos en distintas colecciones a uno y otro lado del Atlántico: como la del conde de las Almenas (cuya colección Arthur Byne y Mildred Stapley Byne se encargaron de exportar desde España y subastar en 1927 en Nueva York); la colección W. R. Hearst; el alcázar de Segovia –en una de cuyas salas fue instalada una de las techumbres–; el Museo Episcopal de Vic (Barcelona) –núm. inv. 7489, 12299, 1230, y probablemente 7360 –; la colección Soler i March de Barcelona –cuyos fragmentos, tras pasar por las manos del anticuario Adolph Loewi, acabaron recalando en el Museo de Arte de la Universidad de Princeton. El Museo Arqueológico Nacional conserva, asimismo, algunos aliceres de Curiel –núm. inv. 50742, 50758, 50759, 50765, 50766, 2014/35/1, 2014/35/2, 2014/35/3, 2014/35/5–. Nada quedó in situ del que fuera descrito como uno de los más bellos palacios mudéjares, por sus ricos salones decorados con armaduras, puertas con motivos de lacería, yeserías... Todo quedó arrasado, y lo que resulta más triste: fue liquidado como restos de una demolición (Martínez Ruiz, 2024).
Este fragmento, en concreto, perteneció al arquitecto Arthur Byne y a su esposa Mildred Stapley Byne, dos de los mayores marchantes de arte que operaron en España desde la década de 1920 hasta el fallecimiento de Arthur Byne en accidente de automóvil en 1935. De hecho, esta pieza fue fotografiada por el estudio de fotografía Moreno, radicado en Madrid, cuando aún formaba parte de la colección Byne, como así muestran las imágenes preservadas en el Archivo Moreno, Instituto de Patrimonio Cultural de España (16420_B y 16043_B). Esto hubo de tener lugar antes del fallecimiento de Arthur Byne, pues tras el trágico accidente que acabó con la vida del marchante, esta pequeña reliquia de lo que en su día hubo de constituir una bella techumbre, fue adquirida por Anette Finnigan en 1936, quien la legó ese mismo año al Museum of Fine Arts de Houston.
Descripción
Bajo dos arquillos de líneas mixtas, se enmarca, respectivamente, una figura masculina y otra femenina, en la que parece una escena galante enmarcada en un jardín. Entre dichos arquillos, en la parte superior, se despliega una decoración vegetal formando roleos. En la descripción que Antón Casaseca realizaba de una de las salas del palacio de Curiel, aludía a motivos semejantes a los que aquí hallamos: "El de la sala dorada», también de alfargía, todo dorado y pintado, se conserva bien, y asimismo otro artesón, de colores muy fundidos, obscuros, elegantísimos, con pinturas de pajes, caballeros y damas en el friso". Tal vez esta escena formara parte de tal friso. El citado autor se lamentaba entonces de la previsible desaparición de tan rico palacio y bellezas artísticas, como tales techos que aún tuvo oportunidad de ver in situ en 1918, razón por la cual deseó dejar testimonio de ello: "Basta ya. Hemos querido que no quede sin registrar en estas páginas la soberbia casa española, fortaleza y mansión lujosísima de los Zúñigas (Antón Casaseca, 1918).
Ubicaciones
ca. 1920
ca. 1920 - 1936
marchante/anticuario
Arthur Byne y Mildred Stapley Byne, Madrid (España) *
1936
colección privada
Annette Finnigan, Houston (Estados Unidos) *
1936 - actualidad
Bibliografía
- ANTÓN CASASECA, Francisco (1918): "El palacio de Curiel", nº 212, en La Esfera, pp. 17-18.
- GARCÍA DE PIÑEL (1920): "El castillo de Curiel de los Ajos", vol. 7, nº 27, en Arquitectura, p. 185.
- HERNÁNDEZ Y ALEJANDRO, F. (1907): "Curiel y su palacio", nº 49, en Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, pp. 1-2.
- MARTÍNEZ ALCUBILLA, Indalecio (1866): Memoria histórico-descriptiva del antiguo palacio-fortaleza de Curiel, Imprenta de Francisco Miguel Perillan, Valladolid.
- MARTÍNEZ RUIZ, María José (2008): La enajenación del patrimonio en Castilla y León (1900-1936), tomo I, Junta de Castilla y León, Salamanca.
- MARTÍNEZ RUIZ, María José (2024): "Demolition due to sale. The international market in Spanish ceiling in the twentieth century", en Postmedieval.
- MERINO DE CÁCERES, José Miguel (1985): "En el cincuentenario de la muerte de Arthur Byne", nº 61, en Academia.
Responsable de la ficha
María José Martínez RuizCómo citar
María José Martínez Ruiz, "Alizar" en Nostra et Mundi. Patrimonio Cultural de Castilla y León en el mundo, Fundación Castilla y León, 2025. https://inventario.nostraetmundi.com/es/obra/528
Alizar con escena galante
The Museum of Fine Arts, Houston. Dominio Público.
The Museum of Fine Arts, Houston. Dominio Público.