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Título

San Pedro en la cátedra papal portando la doble llave

Clasificación genérica
Eboraria
Objeto
Placa
Datación
ca. 1109-1126, reinado de Urraca I
Siglo
Primer cuarto del s. XII
Contexto cultural / estilo
Románico
Dimensiones
14,5 cm
Materia
Marfil
Técnica
Tallado
Iconografía / Tema
San Pedro
Procedencia
León (León, España)
Emplazamiento actual
Glencairn Museum (Filadelfia, Estados Unidos)
Número de inventario en colección actual
O4.CR.40
Historia del objeto

Adolph Goldschmidt publicó uno de los primeros acercamientos a esta pieza de marfil indicando que se encontraba, en torno al año 1926 en posesión de Sammlung Raymond Pitcairn (1885-1966), en Bryn Athyn (Montgomery County, Pennsylvania). El autor germano publicó una primera en la tabla XXIV, número 82 y lo identificó como san Pedro, datándolo en el siglo XII. Ya por entonces lo consideró una producción hispana.

Aunque la historiografía tenía clara la pertenencia de la presea leonesa a Pitcairn, es muy relevante que señale un episodio intermedio en la historia del objeto, al indicar que salió del mercado de arte de Valencia.

El estudio monográfico más reciente de este marfil, con número de inventario O4.CR.40, se realizó in situ en las dependencias del Glencairn Museum (Álvarez da Silva, 2013) y se esclareció que el marfil lo había comprado Raymond Pitcairn a través de su intermediario, el comerciante Joseph Brummer (1883-1947), anticuario del Boulevard St. Germain, ingresando en la colección americana el día 9 de junio del año 1922.

En conclusión: la placa debió salir de León hacia Valladolid, de allí viajó a Valencia, para acabar en Nueva York. Más concretamente se puede afinar su periplo pues en el año 1918 la tenía Emile Pares que la vendió en Nueva York a la colección Daguerre. Las investigaciones de Álvarez da Silva revelaron que la documentación del museo señalaba que la venta la realizó Nicholas Brimo a J. Brummer, por 18.000 francos y este en en junio de ese año envió un telegrama a Raymond Pitcairn para indicarle que había comprado 5 marfiles, especificando que las piezas procedían de la colección Daguerre. Otra carta del 9 de diciembre de 1923 escrita por Walter W. S. Cook, el hispanista y estudioso de la pintura medieval escribió a Pitcairn para pedirle ver el marfil hispano de la colección Glencairn y alegó que lo había fotografiado en Valencia y que la obra había sido vendida en Valladolid.

Descripción

San Pedro, de 14,5cm, fue tallado en una placa cuya base parece recortada, mientras que el nimbo posee una perforación que aún en la foto de Adolf Goldschmidt muestra una arandela metálica para colgar. Se indicó que ese agujero se pudo haber efectuado para clavar la placa al alma de madera de un relicario pero, teniendo en cuenta que la pieza se ha cortado y lo tosco de ese agujero parece que se hizo muy posteriormente, cuando además se le añadió la arandela. Es posible que los orificios para los clavos estarían en la parte recortada de la placa, en los márgenes y no en el nimbo, con tan bruta solución.

Llama la atención el peinado de la figura, como mechones que generan una suerte de casquete, enroscándose sobre sí mismos al final, frente a la barba, lisa. De nuevo los ojos albergaron incrustaciones, pero no sabemos si fueron azabaches, perlas, pasta vítrea o zafiros, como indicó Vázquez de Parga (1964), para el Cristo de Fernando I y Sancha del Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

El investigador alemán ya comparó el drapeado de nuestro marfil con otras piezas (las número 108 y 109 de la lámina XXXVII) y dijo que el uso de sogueado para el borde del nimbo y las laves podía relacionarse con el marfil de las mujeres ante el sepulcro conservado hoy en el Hermitage de San Petersburgo y también procedente de León,

El “estilo gráfico” de las telas podría relacionarse con las pinturas del Panteón Real de San Isidoro de León, datado cuando Goldschmidt escribía en época de Fernando II (1157-1188), sin embargo se trata de una fecha hoy desestimada por todos los investigadores. Por nuestra parte, creemos que no existen problemas para contextualizar los dos marfiles, el conservado en Rusia y en Estados Unidos, en época de la reina Urraca I (1109-1136).

El escultor, fino y hábil, se ha centrado en los remates y orofreses, perlados, con zigzag o nido de abeja, una labor que recuerda, lejanamente, a la suntuosidad de las telas concebida por que el escultor del hueso de ballena del Victoria and Albert de Londres (número de inventario 142-1866).

La meticulosidad del artífice creó una pieza de gran calidad, con dos llaves, bien diferentes, lisa la de la izquierda, con sogueado la de la derecha, con remate romboidal la primera y circular la segunda, entrelazándose. Se indicó que se trata de dos llaves, la de atar y la desatar, quizás en alusión al texto bíblico: “Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del cielo; y todo lo que atares en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo (Mateo, 16:18-19) (Franco Mata 2010; Álvarez da Silva 2013). No es casual que tanto el peinado, el tratamiento facial como, particularmente, algo tan concreto como las llaves se asemejen a las que porta el mismo santo en la portada del hastial sur de la iglesia románica isidoriana y donde el tímpano norte del crucero, hoy desmantelado y destruido, pudo contar con el episodio de la liberación de san Pedro. Eso, sumado a que el llamado portapaz del Museo isidoriano cuente con una inscripción en plata que aluda a la las reliquias petrinas, nos lleva a pensar en la importancia del santo romano, tanto en las preseas, como en los relicarios y la escultura monumental. Esta pieza ebúrnea pudo ser fundamental en ese relato visual.

En la otra mano porta un libro abierto, sin ningún motivo esculpido, acaso porque estuvieron pintados.

La cátedra donde se sentaba se ha perdido y un análisis detenido de la pieza revela que ha sido cortada, mostrando restos del área izquierda inferior, donde se observan elementos finalmente labrados, no sabemos si imitando pieles o plumas.

Ubicaciones
* La localización relativa a marchantes, anticuarios, galerías de arte y coleccionistas, nos lleva al emplazamiento donde se hallaban radicados, o bien donde tuvieron una de sus principales sedes, esto no siempre indica que cada una de las obras que pasaron por sus manos estuviera concretamente en tal lugar, pues en el caso de anticuarios y marchantes su negocio extendía sus redes en diversos territorios; en ocasiones tan solo compraban en origen y remitían directamente la pieza a sus clientes. Por otro lado, algunos coleccionistas contaron con distintas residencias en las que albergaron su colección, a veces en distintos países; es difícil, en muchos casos, precisar dónde preservaron la obra mientras estuvo en sus manos, de ahí que se señale el emplazamiento principal del anticuario o del coleccionista. Circunstancias que han de ser tenidas en cuenta al interpretar el mapa. Véase en cada caso la historia del objeto.
Bibliografía
Responsable de la ficha
José Alberto Moráis Morán
Cómo citar

José Alberto Moráis Morán, "San Pedro en la cátedra papal portando la doble llave" en Nostra et Mundi. Patrimonio Cultural de Castilla y León en el mundo, Fundación Castilla y León, 2025. https://inventario.nostraetmundi.com/es/obra/443

DOI