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Título

Trullae de Tiermes

Clasificación genérica
Metalistería
Objeto
Trullae
Datación
100-125 d.C.
Siglo
Principios del s. II
Contexto cultural / estilo
Imperio alto
Dimensiones
6.6 × 11.5 × 22 cm
Materia
Plata
Técnica
Forjado
Procedencia
Tiermes (Montejo de Tiermes, Soria, España)
Emplazamiento actual
The Hispanic Society of America (Nueva York, Estados Unidos)
Número de inventario en colección actual
R3035-A y R3036-B
Historia del objeto

Las trullae son recipientes romanos con mango, elaborados en materiales como plata, bronce, cerámica y vidrio. En 1885, cerca de la ermita de Nuestra Señora de Tiermes, un agricultor que araba sus tierras descubrió dos trullae de plata que, en conjunto, pesaban aproximadamente un kilogramo (García y Bellido, 1966).

Por primera vez, en 1886, la Real Academia de la Historia, a través del académico Pujol y Camps, elaboró un informe sobre estas piezas. Sin embargo, cometió un error al ubicar el lugar del hallazgo en una localidad de nombre similar, en la provincia de Madrid. Dos años después, Nicolás Rabal, profesor del Instituto Nacional de Enseñanza Secundaria de Soria, corrigió esta equivocación, situando el descubrimiento en Tiermes. Además, Rabal relató que las piezas habían sido adquiridas al peso por un comerciante y que posteriormente un anticuario de Segovia las revendió, obteniendo una ganancia de 6.000 reales. Este hecho motivó a los labradores a conservar los objetos que encontraban en sus tierras para venderlos directamente y obtener mayores beneficios (García y Bellido, 1966).

Rabal, además de reconstruir la historia del hallazgo, realizó un análisis de las piezas, describiendo su decoración y simbología. Sin embargo, ni él ni Pujol y Camps tuvieron acceso directo a las trullae, por lo que la descripción se basó en observaciones de terceros, lo que resultó en imprecisiones (García y Bellido, 1966).

Cuatro años después, en 1892, se volvió a escribir sobre estas piezas, aunque en esta ocasión se mencionaron no dos, sino cuatro. Se trataba de otras dos trullae descubiertas en el mismo lugar poco tiempo después de las primeras.

En el boletín de la Real Academia de la Historia de 1892, Fidel Fita informó que las dos primeras piezas habían sido adquiridas por Nicolás Duque, anticuario de Segovia, y que tuvo la oportunidad de examinarlas personalmente en el museo de este último (García y Bellido, 1966).

Las otras dos piezas pasaron a formar parte de la colección de Cánovas del Castillo y tras su muerte llegaron a la de Antonio Vives y Escudero, perdiéndose a partir de aquí su paradero.

Nicolás Duque vendió sus dos trullae a Stanislas Baron, anticuario radicado en París. En 1905 aparecen no ya en poder de Barón sino en la Colección Ernest Guilhou y puestas a la venta en París en el Hotel Drouot, donde las adquiere Huntington, quién las cedió a la Hispanic Society of America (García y Bellido, 1966).

Descripción

Las dos trullae conservadas en la Hispanic Society of America y datadas entre los años 100 y 125 d.C., destacan por su diseño similar, con cuencos de forma troncocónica y paredes curvas. Estas piezas, concebidas como un conjunto, pueden almacenarse una dentro de la otra. Sus asas presentan relieves invertidos, creando un efecto espejo, y están decoradas con motivos distribuidos en cinco registros: máscaras báquicas de sátiros, un pedum, un simpulum, una cabra descansando, un liknon, un thyrsus y una cista. Todos estos elementos están vinculados al culto báquico y a rituales de fertilidad. En los extremos de las asas también se observan cabezas esculpidas de cisne o ánade (Codding 2017, 93). 

En la parte trasera de los mangos, ambas piezas llevan grabadas inscripciones en mayúsculas formadas por puntos finos. La primera, «GN. CARVICI», se interpreta como un genitivo que identifica al propietario original, Gnaeus Carvicius, cuyo nomen podría tener origen céltico. Paralela e invertida, una segunda inscripción más pequeña conserva únicamente ocho letras legibles: «MARI. LATA», posiblemente perteneciente a un dueño posterior. En la base de cada trulla aparece, además, una «D» mayúscula grabada con punzón (García y Bellido, 1966).

Estas piezas combinan funcionalidad y simbolismo, reflejando prácticas culturales y religiosas romanas. Por su decoración y características, podrían haber sido utilizadas en rituales de libación o haber formado parte de un ajuar funerario, como otras trullae halladas en contextos similares en la península ibérica (Codding 2017, 93).
Ubicaciones
* La localización relativa a marchantes, anticuarios, galerías de arte y coleccionistas, nos lleva al emplazamiento donde se hallaban radicados, o bien donde tuvieron una de sus principales sedes, esto no siempre indica que cada una de las obras que pasaron por sus manos estuviera concretamente en tal lugar, pues en el caso de anticuarios y marchantes su negocio extendía sus redes en diversos territorios; en ocasiones tan solo compraban en origen y remitían directamente la pieza a sus clientes. Por otro lado, algunos coleccionistas contaron con distintas residencias en las que albergaron su colección, a veces en distintos países; es difícil, en muchos casos, precisar dónde preservaron la obra mientras estuvo en sus manos, de ahí que se señale el emplazamiento principal del anticuario o del coleccionista. Circunstancias que han de ser tenidas en cuenta al interpretar el mapa. Véase en cada caso la historia del objeto.
Bibliografía
  • CODDING, Mitchell A. (coord.) (2017): Tesoros de la Hispanic Society of America: visiones del mundo hispánico, Museo Nacional del Prado, Madrid.
  • GARCÍA Y BELLIDO, Antonio (2003): "Las cerámicas polícromas de Numancia: las jarras de doma", nº 97, Celtiberia.
Responsable de la ficha
Cristina Borreguero Beltrán
Cómo citar

Cristina Borreguero Beltrán, "Trullae de Tiermes" en Nostra et Mundi. Patrimonio Cultural de Castilla y León en el mundo, Fundación Castilla y León, 2025. https://inventario.nostraetmundi.com/es/obra/142