Título
Colgadura procedente de la Catedral de Valladolid
Clasificación genérica
TextilObjeto
ColgaduraSiglo
Principios del s. XVIIContexto cultural / estilo
Reino de Castilla. ManierismoIconografía / Tema
Motivos vegetalesProcedencia
Catedral de Valladolid (Valladolid, España)Emplazamiento actual
Château de Chambord (Chambord, Francia)Historia del objeto
El presbiterio de la Catedral de Valladolid estuvo ornado por una bella colgadura, como así refleja una fotografía publicada por Casimiro González García-Valladolid en Valladolid. Sus recuerdos y sus Grandezas (1900) y analizó detalladamente Jesús Urrea en un artículo dedicado a las mismas (Urrea, 1997, pp. 161-166.). En aquella imagen publicada en 1900, tan rica colgadura servía de marco inmejorable para la custodia procesional de Juan de Arfe, y era descrita como “preciosa y magnífica”, “de terciopelo encarnado, bordada en sedas”, con hilos de oro obtenidos “con el primer oro que se trajo de América”. En noticias recopiladas por Urrea, se apuntaba al obispo de Valladolid entre 1607 y 1616, Juan Vigil de Quiñones, como el donante de estos ricos tejidos, legados a la catedral el 23 de noviembre de 1616: “una riquísima colgadura de carmesí bordada por valor de 50.000 ducados que indudablemente es la que hoy luce en el presbiterio en los días de primera clase” (Episcopologio vallisoletano, 1904, p. 238. cf: Urrea, 1997, p. 161).
La descripción más reciente que preservamos de esta colgadura, cuando aún se preservaba en la catedral, es de 1921, pocos años antes de su venta. Así se refería a ella el canónigo José Zurita Nieto: “aún luce espléndida adornando nuestro presbiterio en las grandes fiestas la riquísima colgadura de terciopelo carmesí con aplicaciones de tisú de oro y recamada de sedas que constituye hoy la más valiosa presea de la Fábrica”. Zurita detalló las cualidades que ofrecía: “Consta de 28 tiras perpendiculares de tres metros de largura y del ancho del terciopelo; más de otras seis tiras horizontales cuyos dibujos se hallan dispuestos para formar cenefa o guarnición”. El mismo canónigo señaló que “para rellenar todo el espacio del Presbiterio, se habían añadido las faldas y mangas de unas dalmáticas, también bordada sobre terciopelo carmesí, procedente de un terno antiguo dedicado a S. Pedro” (Zurita Nieto, 1921, pp. 144-145, cf. Urrea, 1997, p. 161).
Apenas dos años después de aquella descripción del canónigo Zurita, que ensalzaba el gran valor de dicha colgadura, se inició la operación de transformación del templo que desencadenaría la venta de este apreciado conjunto textil. En los primeros días del año 1923 fue expuesta, a iniciativa del arzobispo de la diócesis, Remigio Gandásegui, la conveniencia de una reforma en la catedral de Valladolid, así como la falta de recursos para llevarla a cabo. La renovación del templo atendía, en primer lugar, a la supresión del coro bajo, que se encontraba en el segundo tramo de la nave central, desde la cabecera, al objeto de conseguir así mayor luz y espaciosidad para el severo núcleo central de la iglesia. Posteriormente se procuraría la construcción sobre la puerta principal de un coro alto, donde se instalaría el órgano. Mientras, el extremo opuesto del templo, el presbiterio, cobraría nuevo protagonismo no sólo con la eliminación de obstáculos a su perspectiva visual, sino disponiendo allí la vieja sillería con que contaba la catedral, previa restauración de la misma. Por último, la reforma contemplaba la erección de un nuevo y suntuoso altar en el antepresbiterio (Martínez Ruiz, 2008, pp. 309-314).
Desde luego un ambicioso plan de rejuvenecimiento del templo, pero con escasos medios para llevarlo a la práctica. Fue así como, para acometer la reforma, se dispuso en primer lugar la venta, para obtener recursos, de la colgadura de terciopelo que ornaba el presbiterio, así como una colección de cantorales. Los trámites contemplados tanto por la normativa canónica como civil fueron seguidos con todo rigor. De ahí que el propósito del cabildo y el prelado vallisoletano fuera puesto en conocimiento del Ministerio de Gracia y Justicia y de la nunciatura apostólica. El ministerio implicó a las academias en demanda de un informe respecto a la conveniencia o no de la enajenación. Sin demorarse mucho en la respuesta, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando emitió su juicio:
“28 tiras de colgaduras bordadas y los cantorales (…) aunque de gran mérito todos y en más perfecto estado de conservación las tiras bordadas, lo que les da una alta apreciación, no por ello constituyen ejemplares de rareza tal que los haga estimar como únicos en su especie ni de excepcional importancia, por su género y estilo abundan ejemplares en otros templos, principalmente en sus indumentos, aunque por el esmerado arte con que están éstos ejecutados y su indiscutible belleza sean dignos del mayor aprecio” (Sentenach, 1923, pp. 104-105).
Curiosamente, consideró los objetos “como dignos del mayor aprecio y aún, algunos, de sobresaliente mérito”, sin embargo no tan excepcionales como para aconsejar al Estado “el sacrificio de su costosa adquisición”. Además, la academia estimó que, como la aplicación de su beneficio sería satisfactoria, la enajenación podía ser autorizada (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Leg. 3/111, Libro de Actas de la Academia, 1922-1925. Sesión, 16 de abril de 1923, cf. Martínez Ruiz, 2008, pp. 309-314).
Por su parte, la Real Academia de la Historia no mostró tanto beneplácito al propósito de venta, a pesar de que la reforma proyectada por el prelado gozaba de confianza para el académico responsable del informe: Manuel Gómez-Moreno. Éste veía con buenos ojos el proyecto de rescatar para el culto la antigua sillería gótica que la catedral conservaba, dado que suponía “una llamada de atención a favor del criterio de conservar lo inútil en las iglesias”. En todo caso, el historiador vio claro que la catedral debía procurar no empobrecer la misma capilla mayor que pretendía resaltar con la citada antigua sillería, privándola de tales prendas. Además, dicha colgadura era, a juicio de Gómez-Moreno, “la única pieza decorativa que en ella corresponde al tiempo de su construcción”, y como tal constituía un complemento imprescindible para mantener el galano conjunto (Gómez-Moreno, 1923, pp. 440-442).
La enajenación de la colgadura y de los cantorales fue respaldada por la Sagrada Congregación del Concilio. La venta se autorizó de acuerdo a la tasación pericial de ciento cincuenta mil pesetas: “...a siete de Febrero de mil novecientos veinticuatro... Dióse cuenta de una comunicación del Excmo. Prelado autorizando en virtud de Rescripto de la Sagrada Congregación del Concilio de siete de Enero pasado al Excmo. Cabildo para proceder a la venta de la colgadura con que actualmente se adorna el presbiterio y de la colección de libros corales en desuso, cuyo valor total según tasación pericial asciende a la cantidad de ciento cincuenta mil pesetas e invertir el precio que se obtuviese de dicha venta en costear los gastos de la instalación del coro capitular en el presbiterio debiendo en todo ajustarse a las prescripciones del Código de Derecho Canónico sobre la materia...” (Archivo Diocesano de Valladolid, Actas de Sesiones del Cabildo de Valladolid, 1924, 7 de febrero de 1924, cf.: Martínez Ruiz, 2008, t. I, pp, 309-314).
En 1928 aún estaba pendiente este asunto, pues los compradores iniciales no habían formalizado sus ofertas; con lo cual, se decidió que fueran enajenadas a un tratante que ofrecía en aquellos momentos novecientas pesetas por metro lineal, precio inferior al que habían sido tasadas inicialmente, pero que el cabildo estimó conveniente puesto que “si bien hubo ofrecimientos anteriores de mayor cuantía, nunca vinieron acompañados de garantías de efectividad como en el caso presente” (Archivo de la Catedral de Valladolid, Actas del Cabildo de Valladolid, 1928, sesión de 13 de junio de 1928). El precio, en opinión del prelado, era suficiente “dadas las condiciones del mercado”, circunstancia ratificada por parte de los peritos, Eduardo Oliver-Copons y Manuel Díez Sanjurjo (miembros de la Comisión Provincial de Monumentos de Valladolid), quienes en principio habían tasado la pieza en mayor cuantía. Por tanto, finalmente fueron liquidadas por inferior precio, además, al lote se añadieron “cuatro cojines del mismo género y dibujo”. (Martínez Ruiz, 2008, pp. 309-314).
Según refirió Jesús Urrea, la mayor parte de los fragmentos de esta colgadura fueron a parar a los anticuarios Luis y Raimundo Ruiz (Urrea, 1997, p. 164). Sabemos que estos desarrollaban su negocio desde Madrid, pero con grandes conexiones con Francia y EE. UU. Su padre, Pedro Ruiz, quien contó con un establecimiento de antigüedades en Vitoria, mantuvo un importante flujo comercial con París, capital del mercado de antigüedades entre fines del siglo XIX y principios del XX, pero después orientó su negocio a Nueva York, mercado que cultivaron ampliamente sus hijos.
Una de las tiras de la colgadura (3,96 x 0,53 m), Urrea la identificó en la catedral, como frontal del pedestal en donde se exhibe la custodia de Juan de Arfe, y también reconoció otro fragmento, que constaba de dos rectángulos (1,12 x 0,78 m) en una colección particular madrileña (Urrea, 1997, pp. 164-166).
La mayor parte de los metros lineales de esta colgadura, así como los cojines, acabaron recalando en el Château de Chambord (Francia); todo ello destinado a ornar la recreación de los aposentos del rey Francisco I. Tanto el inmueble que recibió estas piezas, como algunas de las obras expuestas en tal espacio, véase el banco-cofre del siglo XVII, cuentan con un número de inventario singular como parte del patrimonio nacional francés, no así las colgaduras integradas en la recreación histórica del conjunto y así se muestran en la fotografía de Robert Malnoury de 1999, recogida también en dicho catálogo del patrimonio nacional galo. Actualmente el Château de Chambord se encuentra en proceso de renovación.
Descripción
Colgadura de damasco carmesí, bordada en seda con hilos de oro. Conformada originalmente por tiras alargadas unidas entre sí. Diversas partes de la colgadura original fueron reutilizadas para decorar los aposentos del monarca francés Francisco I en el Château de Chambord, palacio emplazado en el entorno del Valle del Loire. Los fragmentos que llegaron a este castillo francés fueron dispuestos para decorar caídas, frentes y almohadas en la recreación historicista del lecho del monarca, así como en las paredes de la habitación y en el ornamento del banco presente en la estancia (Urrea, pp. 232-233). Bordado sobre fondo de terciopelo de seda carmesí, en el que aparecen motivos vegetales, en sedas en azul y verde. Cada rectángulo está enmarcado por pequeñas cenefas, en las que aparecen hojas que alternan con tarjas muy sencillas, y esquemas cruciformes en los ángulos.
Ubicaciones
1616 - 1928
actualidad
Bibliografía
- CASTRO Y ALONSO, Manuel de (1904): Episcopologio vallisoletano, Tipografía y Casa Editorial Cuesta, Valladolid, p. 238.
- GÓMEZ-MORENO, Manuel (1923): "Informe sobre enajenación de bienes artísticos de la Catedral de Valladolid", nº 82, en Boletín de la Real Academia de la Historia, Real Academia de la Historia, pp. 440-442.
- GONZÁLEZ GARCÍA-VALLADOLID, Casimiro (1900): Valladolid. Sus recuerdos y sus grandezas, vol. I, Imprenta de Juan Rodríguez Hernando, Valladolid.
- LÓPEZ-BRAGADO, Daniel; MARCOS-GONZÁLEZ, David; LAFUENTE-SÁNCHEZ, Víctor (2026): "Virtual restitution in the service of lost heritage. The case of the Valladolid collegiate church / cathedral of Santa María la Mayor", vol. 17, nº 35, en Virtual Archaelogy Review, p. 7.
- MARTÍNEZ RUIZ, María José (2008): La enajenación del patrimonio en Castilla y León (1900-1936), vol. 1, Junta de Castilla y León, Salamanca.
- SENTENACH, Narciso (1923): "Informe sobre la petición formulada por el Cabildo de Valladolid para la enajenación de objetos artísticos", nº 66, en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pp. 104-105.
- URREA, Jesús (2021): La catedral de Valladolid. Su historia y patrimonio, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid.
- URREA, Jesús (2014): "Madera, tejido y metal. Muebles, textiles y bronces de la Catedral de Valladolid", en Conocer Valladolid 2013/2014. VII Curso de patrimonio cultural, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Valladolid, pp. 232-233.
- URREA, Jesús (1997): "La colgadura rica de la Catedral de Valladolid", nº 32, en Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, pp. 161-166.
- ZURITA NIETO, José (1921): Aniversarios, obras pías y memorias, fundados hasta 1622 en la Iglesia de Santa María la Mayor (hoy metropolitana) de Valladolid, según que se contienen en los libros de la "Cadena", Sociedad de Estudios Históricos Castellanos, Valladolid, pp. 145-146.
Responsable de la ficha
María José Martínez RuizCómo citar
María José Martínez Ruiz, "Colgadura procedente de la Catedral de Valladolid" en Nostra et Mundi. Patrimonio Cultural de Castilla y León en el mundo, Fundación Castilla y León, 2025. https://inventario.nostraetmundi.com/es/obra/609
Château de Chambord
Dominio Nacional de Chambord. Ministère de la Culture. Francia
Carro triunfante. Catedral de Valladolid. Al fondo pueden verse las colgaduras ricas de la catedral
Casimiro González García-Valladolid, Valladolid. Recuerdos y Grandezas, t. I. Valladolid, 1900.
Château de Chambord. "Habitación de Francisco I con una réplica de cama con cortinas"
Ministère de la Culture. France. © Région Centre - Inventaire général
Fotografía: Robert Malnoury